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noche de la Plantà del 15 de Marzo es cuando
se levantan las fallas, es el momento de pulir minuciosamente
los detalles para que los monu-mentos queden tal y como fueron
concebidos. Antiguamente la Plantà se realizaba
por el procedimiento de “a tombe”, la
pieza principal se levantaba por medio de cuerdas, muchas
veces alzadas desde los balcones vecinos. Hoy en día
no se escatiman en medios para el esperado comienzo de la
fiesta, al día siguiente la ciudad se levanta llena
de color y música.
Después de cinco días de celebración
y muy poco tiempo para dormir, el día de San José
es el final de las fallas, de todas las alegrías que
han traído y de todos los esfuerzos que han significado,
a la espera de la espectacular Cremà, los
últimos pasacalles y la última Mascletà
tienen un significado especial, la tristeza por lo que termina
y la alegría de volver a empezar un nuevo ciclo.
Está preparado para arder y renovarse el
generoso derroche de energía, imaginación y
crítica, es la mayor lección que nos regala
el itinerario fallero, la gran representación, la sabia
poética de las llamas, la revelación definitiva
de que todo estaba destinado a la nada de las cenizas.
La noche más esperada provoca emociones
encontradas, desde la euforia en la contemplación de
las llamas, hasta las lágrimas de las falleras mayores
al terminar su reinado.
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A
las 12 los pirotécnicos lanzan los últimos
cohetes y encienden el cielo, la Cremà
es el acto más importante de la fiesta, el momento
culminante, la magia del fuego purificador que da paso
a la primavera entrante. En la hora de las brujas más
de 380 monumentos grandes e infantiles con representaciones
satíricas de actualidad, plasmadas en ninots de
cartón entre otros materiales, se convierten en
cenizas. Después de la Cremà, las
fallas, hechas del mismo material de los sueños,
se desvanecen coincidiendo con el equinoccio de primavera. Así
podemos hablar de arte efímero refiriéndonos
a las fallas, pues únicamente disfrutamos a pie
de calle del trabajo de los artistas tan solo cinco días,
una exposición temporal por toda Valencia que culmina
la noche del 19 de Marzo, en la que todos los monumentos
son pasto de las llamas quedando en el recuerdo
y, de sus cenizas comienza un nuevo año fallero. |
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L
principio eran los propios vecinos los encargados de confeccionar
los maniquíes o ninots que representaban a los personajes
desagradables que habían de quemarse en la falla, hasta
que la competencia por la perfección de los ninots estableció
la práctica de encargar la elaboración a especialistas
que inicialmente colaboraban de manera desinteresada comenzando
por el acabado de algunas piezas -como la pintura de la cara
o el armazón de los cuerpos- y más tarde se les
encomendó por entero la fabricación por encargo.
La falla de elaboración profesional no comenzó
a ser una práctica general en una fecha exacta, ni se
puede precisar la aparición del primer artista fallero,
sin embargo si se puede confirmar que los primeros encargos
a expertos en carpintería, pintura y escultura para realizar
una falla se hicieron durante el siglo XIX y ya a finales la
calidad artística de las fallas comenzó a ser
un objetivo perseguido por algunas comisiones falleras, hasta
que por fin en 1908 la falla de la bajada de San Francisco sacó
a concurso público la construcción del catafalco,
en aquella época nadie vivía aún exclusivamente
de las fallas, la mayoría de los artífices que
se presentaron a aquel concurso se dedicaban a las Bellas Artes
y a la carpintería, pero en la lista también habían
albañiles, mecánicos, labradores, cocheros, ferroviarios,
jorna-leros, profesores y muchos otros trabajadores con variopintas
ocupaciones.
La historia de los maestros falleros comienza cuando
la calidad artesanal de las fallas se convierte en un objetivo,
cuando las comisiones falleras alcanzan cierto nivel de organización
que les permita recaudar fondos para la construcción
anual del monumento y cuando se institucionaliza la costumbre
de premiar a los mejores por parte de instituciones como Lo
Rat Penat e incluso el Ayuntamiento.
A partir de entonces muchos artífices inician
una trayectoria exclusivamente dedicada a construir catafalcos
y ninots para las fallas. Aquellos primeros constructores de
fallas tenían en común alguna profesión
artística, excepto algunos cuantos como Carlos
Cortina que era carpintero, la mayoría de los
demás ganadores de premios a las primeras fallas de concurso
de este siglo eran pintores, escenógrafos o escultores.
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Ya
en el siglo XX era un hecho común que las fallas fueran
elaboradas profesionalmente, los antiguos ninots estaban compuestos
por un armazón de madera al que se engarzaban cabeza
y manos de cera, e iban vestidos con telas, posteriormente se
impuso la tendencia del cartón piedra, hasta entonces
los parots, monigotes y ninots habían comenzado
siendo maniquíes improvisados con los materiales que
sus hacedores tuvieron a mano, la madera en los talleres de
carpinteros, la paja, las telas diversas para los vestidos.
Pero con la modernización de los ninots el proceso de
fabricación también se estandarizó y desde
entonces casi todos los maestros falleros trabajaron siguiendo
los mismos procedimientos, como es el caso de Juan Huerta,
quien en 1953 implantó el modelado del primer ninot íntegramente
con cartón y posteriormente la falla entera, la técnica
del cartón piedra se viene utilizando hasta la actualidad. Lo
más interesante es que a la vez que un cambio en la construcción
se produjo una evolución formal y temática. Los
ninots son la auténtica base de la falla, verdaderas
caricaturas grotescas, personajes del tebeo que se han modernizado
recorriendo un camino que lleva de la tela al cartón,
de las formas arcaicas a inspirarse en las vanguardias. Entre
el kitsch y el pop lo fallero ha llegado a representar una categoría
estética para muchos artistas plásticos valencianos,
este desarrollo es el producto de una pequeña industria
que actualmente agrupa a artesanos, diseñadores, pintores,
escultores y carpinteros.
Los materiales modernos han ido introduciéndose
para adaptarse a las nuevas necesidades, un buen ejemplo es
el poliestireno o corcho blanco, en sustitución del llenado
de moldes con cartón. El artista fallero Miguel
Santaeulalia fue pionero en la utilización del
poliestireno expandido, un material muy versátil que
se utiliza actualmente. La desaparición de la cera es
otra novedad en los ninots contemporáneos, ya que ese
material era muy poco resistente al calor del sol, también
ha cambiado considerablemente el número de artistas dedicados
en exclusiva a la realización de dos o más fallas
a lo largo de todo el año, artistas que tienen en nomina
operarios que viven solo de hacer fallas. Los
artistas falleros se dedican todo el año a la elaboración
de las fallas, las comisiones, realizan los actos falleros y
tratan de reunir los fondos económicos necesarios para
la fiesta. Pocas son las personas que puedan entender como los
valencianos son capaces de invertir verdaderas fortunas en las
fallas por parte de particulares, ayuntamientos y Comunidad
Valenciana, para luego, prenderles fuego en la noche de San
José, como tradición. Lo que ignoran es que hay
todo un mundo que vive de ello; artistas, pirotécnicos,
músicos, etc. La fiesta ha alcanzado tal calibre que
además de diversión, genera puestos de trabajo
y por lo tanto un buen número de familias valencianas
puede vivir gracias a las fallas.
El año de duro trabajo finaliza la noche
de San José, cuando todas y cada una de las fallas arden
hasta convertirse en cenizas. Llegado este momento los artistas
falleros comienzan a trabajar de nuevo, y con entusiasmo, en
la preparación de las fallas del año siguiente,
pues saben que su trabajo forma una parte muy importante de
la inmensa alegría y orgullo que rodea a todos los valencianos
y, la emoción y entusiasmo que invade a los turistas
durante la gran fiesta del pueblo valenciano: las Fallas, reconocidas
como la mejor fiesta de Europa. |
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Diseño:
Rodrigo Núñez. Bibliografía:
Levante EMV. |
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